jueves, 28 de octubre de 2010

Los "Finaos"



Este fin de semana  se celebra en muchos lugares de Gran Canaria la Fiesta de Los Finaos, como se conocen a Los Difuntos, en una expresión que antaño fue muy común en toda Canarias, y que aún tiene vigencia en distintos lugares, por ejemplo en El Hierro. Aunque antes la efemérides se exaltaba en la noche previa al Día de Los Difuntos, este año la fiesta se hace la madrugada del Día de Todos Los Santos, aprovechando que la jornada no es laborable.
En torno al grupo familiar o vecinal, se reúnen las personas para recordar a sus finados y hacerles presente de nuevo entre los vivos mediante las palabras de evocación a sus virtudes, anécdotas e historias. Todo ello se hacía degustando los productos típicos del país y de la estación, como castañas, nueces, manzanas, cochafíscos de millo o piñas asadas. Luego venían las taifas y las parrandas, siempre respetuosas porque la ocasión así lo requería.
Así lo  celebran estos días diversos municipios de Gran Canaria, como Agüimes, San Mateo, Santa Brígida, Valsequillo e incluso Las Palmas de Gran Canaria, cuyo ayuntamiento ha organizado este año la Fiesta de Los Finaos, en San Lorenzo, con participación ciudadana ataviada con vestimenta tradicional, al igual que los grupos musicales que participaron.
También asociaciones privadas celebran Los "Finaos" en Tejeda, Firgas, Moya o La Aldea de San Nicolás de Tolentino, al igual que la Orden del Cachorro Canario en la Plaza de Santo Domingo, en el histórico barrio de Vegueta, en la capital grancanaria, o el restaurante La Casa Vieja de San Fernando de Maspalomas.
Además, de los frutos secos, sobre todo las castañas asadas o sancochadas que se comen, y los higos pasados, destacan los dulces típicos como los bollos de anís, los bollos fritos, los queques. Todo esto a nivel popular, ya que quienes podían también accedían a los huesos santos.
Y mucho antes, los niños también participaban, ya que iban por las casas, la víspera del Día de Finados, es decir el Día de Todos Los Santos, tocando por las casas con unas taleguitas de tela. Cuando les abrían las puertas, los chiquillos preguntaban "hay santos", a lo que habitualmente les respondían afirmativamente, y entonces les ponían en las talegas castañas, frutos secos como almendra, nueces o higos pasados, y algún que otro dulce, sí había. Luego, los chiquillos los reunían y los compartían con su grupo familiar cuando se reunían para la celebración propiamente dicha.

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